¿En qué clase de mundo queremos vivir?

Una y otra vez a lo largo de la historia moderna, hemos visto el mismo entusiasmo por las nuevas tecnologías y la ilusión de que resolverán nuestros problemas sociales. 

Debido a que no sucedió antes (o tal vez no con el impacto que hubiésemos querido) no hay ninguna razón histórica para argumentar que inevitablemente sucederá ahora.

Ciertamente es una posibilidad, pero el hecho de que algo sea posible no significa que sucederá automáticamente. Una posibilidad sólo puede manifestarse si se realiza a través de la acción.

Para que una tecnología realmente beneficie a la humanidad, se requeriría la «energía correcta», como diría el Buda. Y una acción correcta solo es posible con una intención correcta, una decisión correcta, un enfoque correcto, una aplicación correcta.

Para disfrutar plenamente de los sorprendentes beneficios potenciales de las tecnologías más avanzadas de la actualidad, se requeriría una claridad de mente y una receptividad de corazón que todavía tenemos que realizar en nuestra sociedad humana. 

Básicamente, requeriría que ya viviéramos por «principios impersonales», pero también, por ejemplo, que el bienestar de los demás sea tan importante como el nuestro, o que nuestra felicidad provenga de experimentar la felicidad de los demás.

Tecnologías como la Inteligencia Artificial presentan riesgos no solo porque no tenemos idea de lo que hacen cuando se ponen en funcionamiento, sino también porque se van a utilizar con fines violentos. Esto no es ciencia ficción: la Inteligencia Artificial ya es utilizada por algunas fuerzas policiales, así como para controlar nuestros datos personales, para crear robots-guerreros. Hay mucha información en Internet sobre estas aplicaciones.

Ciertos tipos de tecnología se están desarrollando a un ritmo vertiginoso en estos días y, en muchos casos, en formas que superan lo que nuestra sociedad es capaz de asimilar. Podrían llevar a la sociedad a una era de paz y prosperidad si se usaran para el bien y si estuviéramos dispuestos a incorporarlos. De lo contrario, causarán problemas alarmantes.

Lo más inteligente sería relajarse un momento y, en igualdad de condiciones, sentarse a tomar un té y pensar juntos. Por supuesto, este no es el caso. La tecnología, como cualquier otra actividad humana, debe apuntar a apoyar el bienestar de todos, ciertamente de todos nosotros. 

Debería ser una herramienta funcional para apoyar la creación de una sociedad humana, una herramienta funcional utilizada para cuidar nuestro medio ambiente y todas las formas de vida que habitan nuestro planeta común.

En este punto, no hay idealismo, sino un sentido común básico. Enfrentamos muchos desafíos y una potencial disrupción social. La pérdida de libertad por el mal uso de las nuevas tecnologías es una realidad. Es fundamental que nos mantengamos informados para que sepamos lo que está pasando.

Sólo tenemos poder sobre lo que conocemos. Tenemos responsabilidad y opciones sobre la sociedad que creamos y, a menos que tengamos claro, tanto a nivel personal como global, el tipo de sociedad en la que queremos vivir en un futuro cercano, terminaremos viviendo con un modelo impuesto. La dirección que elijamos depende de cada uno de nosotros.
 
 
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