Categoría: Notas de campo

El poder de la confianza

Adoptar una actitud positiva y decidir confiar en las personas puede parecer un acto de fe ciega donde hay mucha desconfianza.

Esta elección de ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, de creer en la «bondad inherente» de los demás en lugar de dudar de sus intenciones, es un camino que no todos están dispuestos a tomar. Sin embargo, este enfoque optimista hacia la vida y hacia los demás no solo es valioso, sino que a largo plazo, puede transformarse en una gran herramienta para enfrentar la vida con menos estrés, menos preocupaciones y más felicidad.

Voy a desglosar el por qué tener una actitud positiva y confiar en los demás puede ser beneficioso, incluso cuando a veces puede resultar contraproducente, y cómo este enfoque puede acelerar nuestro progreso personal y profesional.

Primero, entendamos el concepto de confianza y su impacto en nuestras relaciones interpersonales. La confianza es el «pegamento social» que mantiene unidas nuestras interacciones; es la base sobre la cual se construyen las relaciones largas y sólidas. Cuando decidimos confiar en los demás, estamos eligiendo creer en su integridad, en su capacidad para cumplir con sus promesas y en sus buenas intenciones hacia nosotros.

Esta elección, aunque viene con una cierta cuota de riesgos, elimina muchas barreras invisibles que construimos alrededor de nosotros mismos para protegernos. Pero, ¿qué sucede cuando esta confianza se ve traicionada? ¿Significa esto que deberíamos revertir a una postura de sospecha constante? ¿Significa que debemos estar a la defensiva?.

La respuesta es más matizada de lo que parece.

Si bien es cierto que en algunas ocasiones nuestra confianza puede ser defraudada, el costo emocional y mental de vivir en un estado de desconfianza constante es mucho más alto.

Cuando elegimos asumir lo mejor de los demás, estamos liberando nuestra mente de la pesada carga que supone estar siempre en guardia, analizando cada acción y cada palabra en busca de posibles segundas intenciones. Esta liberación nos permite enfocarnos en lo que realmente importa: nuestras metas, nuestras relaciones y nuestro bienestar.

Consideremos los beneficios prácticos de adoptar una actitud positiva. Al asumir que los demás tienen buenas intenciones, fomentamos un ambiente de apertura y cooperación. Esto no solo mejora nuestras relaciones personales, sino que también tiene un bonito impacto en el ámbito laboral.

La colaboración se vuelven más fluida, las negociaciones más amenas y los proyectos más exitosos. La confianza invita a más confianza, va creando un círculo virtuoso de interacciones positivas que pueden llevar a resultados sorprendentemente buenos.

Ahora, es importante recalcar que ser positivo y confiar en los demás no equivale a ser ingenuo. Existe una línea fina entre la confianza y la ingenuidad que debe ser reconocida. El discernimiento es importante; debemos aprender a leer las situaciones y a las personas para poder ajustar nuestro nivel de confianza de acuerdo a la evidencia que tenemos frente a nosotros. Esto significa estar abiertos a dar el beneficio de la duda, pero también estar preparados para reevaluar nuestra posición si se presentan pruebas en contra.

Nuestra vida, con sus innumerables desafíos y obstáculos, ya es suficientemente complicada sin añadirle una capa adicional de estrés causado por la desconfianza y el escepticismo. Al elegir confiar, al menos hasta que se demuestre lo contrario, nos damos la oportunidad de experimentar la vida de una manera más relajada y abierta.

Esta actitud no solo nos beneficia a nivel personal, aliviando nuestro estrés y permitiéndonos disfrutar más de cada momento, sino que también tiene un efecto contagioso en nuestro entorno, promoviendo relaciones más sanas y genuinas.

En conclusión, aunque pueda parecer contraintuitivo, elegir confiar en los demás y mantener una actitud positiva frente a la vida es una estrategia que a largo plazo ofrece recompensas invaluables.

Nos permite avanzar más rápido, con menos estrés y más felicidad. Nos libera de cadenas invisibles de sospecha y nos abre puertas a experiencias y relaciones enriquecedoras.

Sí, habrá momentos en los que esta confianza será puesta a prueba, pero incluso en esos casos, la paz interior y la satisfacción de haber elegido el camino del optimismo y la buena fe son recompensas que ningún acto de traición puede borrar completamente.

En última instancia, la decisión de confiar y pensar lo mejor de los demás es una apuesta por un mundo más amable y compasivo, el objetivo es ver la confianza no como una moneda de cambio, sino una elección consciente hacia una vida más bonita.

Un antídoto a la sobreconfianza

En mi publicación anterior, escribí cómo la humildad, el estudio constante y la apertura mental pueden ser pilares para forjarnos opiniones bien fundadas, esenciales para comunicar y defender nuestras ideas con confianza.

Esta base sólida nos permite expresarnos con seguridad. Sin embargo, hay que mantener un delicado equilibrio, ya que la línea entre la confianza informada y el exceso de confianza es delgada y fácil de cruzar.

Ahora, me dirijo al otro extremo del espectro: el exceso de confianza y la falta de humildad, dos ingredientes que irónicamente alimentan la ignorancia en lugar de combatirla. 

Aquí te ofrezco una serie de antídotos que si se aplican conscientemente, pueden evitar que caigamos en la trampa de la sobreconfianza.

1. Humildad ante el desconocimiento: Siempre es mejor admitir cuando no sabemos algo, en lugar de disfrazar nuestra ignorancia con falsa confianza. Este es el primer paso hacia un aprendizaje de verdad.

2. Reconocer nuestras limitaciones: Todos tenemos una «zona de incompetencia». Identificarla y respetarla nos ayuda a evitar hablar con autoridad sobre temas que no dominamos. Delinea tu círculo de competencia.

3. Conocimiento no es transferible por que si: Ser experto en un campo no nos convierte automáticamente en autoridades en otro. Cada disciplina tiene sus particularidades y merece nuestro respeto y esfuerzo para ser comprendida.

4. Evitar soluciones simplistas: Los problemas complejos raramente tienen respuestas fáciles. Adoptar una visión sistémica nos permite apreciar y abordar esa complejidad con el cuidado y esmero que merece. Las soluciones simples son para problemas simples.

5. Información de calidad: Es importante buscar datos y perspectivas que no solo confirmen nuestras creencias previas. El conocimiento se construye sobre la diversidad de fuentes y puntos de vista.

6. Escucha activa: La verdadera sabiduría a menudo se encuentra en el diálogo con aquellos que no están de acuerdo con nosotros. Escuchar con la intención de entender, no solo de responder, puede ser revelador para tus ideas y creencias.

7. Conocer ambos lados del argumento: Una opinión sólida es aquella que ha sido desafiada. Comprender los contraargumentos tan profundamente como los argumentos a favor afina nuestro criterio.

8. Aprendizaje constante: La ignorancia no es un pecado, pero estancarse en ella sí puede serlo. La educación es un viaje sin destino final, donde cada paso cuenta. El aprendizaje es para siempre, no importando la etapa donde te encuentres.

9. Desconfiar de la complacencia: Cuando creemos saberlo todo sobre algo, es probablemente un indicador de que nuestro conocimiento es superficial. La sobreconfianza es una señal de alerta que no debemos ignorar.

10. Introspección: Preguntarnos regularmente si estamos siendo víctimas de la sobreconfianza o cerrando nuestra mente a nuevas ideas puede mantenernos en el camino correcto hacia crecimiento intelectual.

Para concluir, una confianza bien robusta nace de una postura de humildad intelectual. Reconocer nuestros límites y nuestra ignorancia, es lo que nos permite construir una base de conocimientos fuerte y confiable.

La idea es mantener siempre una actitud crítica hacia nuestras propias convicciones para seguir aprendiendo.

Sobre tener opiniones

Tiempo y esfuerzo, esto requiere lograr y tener una opinión informada. Los pensamientos superficiales no son suficientes. Tenemos que profundizar, tal como cuando desarrollamos una habilidad.

Antes de hablar de un tema, debes identificar los mejores argumentos en contra de tu posición. Si no puede presentarlos bien, no podrá dominar la discusión.

Debes buscar opiniones que difieran de la tuya. No te quedes en tu “burbuja” o cámara de eco.. Escuche otras perspectivas/ideas para eliminar prejuicios.

Tienes que estar dispuesto a cambiar de opinión. Aferrarte a tus ideas sin cuestionarlas te vuelve dogmático y estúpido. Debes adaptarte y aceptar nuevos datos o información. Discutir por discutir e intentar ganar la discusión a toda costa también es poco inteligente.

Determina qué evidencia te haría cambiar de opinión. Si no lo sabes, no comprende bien el problema. Defínelo.

Intenta convertir a tus críticos en aliados en lugar de enemigos. Comprender sus argumentos puede fortalecer o mejorar tu posición.

Admíte cuando no tengas suficiente información sobre algo. En lugar de emitir una opinión infundada, mejor decir «No lo sé».

Somos buenos ignorando el pasado

¿Ignoramos las lecciones que la humanidad ya aprendió a través de los siglos?

Creo que si, bien seguido y lo seguiremos haciendo.

«Los muertos superan a los vivos 14 a 1 dijo Niall Ferguson». Es decir, contamos con vasta experiencia acumulada de todas las generaciones pasadas, pero le damos la espalda una y otra vez a ese valioso conocimiento que vamos heredando.

Generalmente, vamos actuando con un poquito de arrogancia, como si las enseñanzas de la historia no fueran relevantes en nuestra era moderna. Pero al hacerlo, asumimos grandes riesgos. Estamos condenados a repetir errores que podemos evitar y tropezar una y otra vez con las mismas piedras de siempre.

Deberíamos tener un poco de más humildad y estudiar con detenimiento el pasado. Incorporando sus lecciones a nuestras vidas, desde la política hasta la crianza de nuestros hijos.

Necesitamos aprovechar la sabiduría de épocas remotas sobre temas universales: la amistad, las crisis económicas, los métodos de liderazgo. Hay un mundo de experiencias acumuladas esperándonos.

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La identidad grupal moldea nuestras creencias

A menudo asumimos que nuestras creencias se basan en un cuidadoso análisis racional de los hechos. Pero la realidad, es que solemos conformar nuestras opiniones y convicciones de acuerdo a nuestro sentido de pertenencia. La afiliación tribal ejerce una enorme influencia sobre nosotros.

Tomemos el ejemplo del cambio climático. La evidencia científica sobre este fenómeno bastante sólida, sin embargo, muchos lo niegan enfáticamente. Curiosamente, el nivel educativo no parece incidir demasiado en esta negación.

Lo que sí predice fuertemente las creencias sobre el cambio climático es la identidad política. Entre conservadores/derecha se niega masivamente, simplemente porque esa es la postura que ha adoptado dicho sector. La pertenencia grupal determina la opinión, más allá de cualquier análisis objetivo.

Nos ocurrió lo mismo a lo largo de la pandemia de COVID-19. Las creencias sobre la gravedad del virus, o la eficacia de las vacunas, se segmentaron fuertemente según afiliaciones políticas. La evidencia científica quedó opacada por la necesidad de afirmar la propia identidad tribal.

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La gran mochila que nos impide aprender

Siempre me he preguntado por qué parece que los niños absorben conocimiento como esponjas mientras que nosotros, los adultos, a veces luchamos tanto. Me pasa con mis hijos. Cuando les ayudo con sus tareas, me doy cuenta de lo rápido que entienden las cosas nuevas.

A medida que crecemos y acumulamos experiencias, también cargamos con un «mochila» que a veces nos impide ver las cosas desde una perspectiva mas renovada. Esta mochila está compuesta de creencias, prejuicios, expectativas y hábitos que, aunque en ocasiones son útiles, también pueden ser grandes obstáculos en nuestro proceso de aprendizaje.

Desde pequeños, nuestra familia, la sociedad, y las experiencias nos enseñan «cómo deberían ser las cosas». Así, vamos construyendo una serie de creencias sobre el mundo y sobre nosotros mismos. A veces, estas creencias nos ayudan a enfrentar la vida con cierta seguridad, pero también pueden actuar como cadenas que nos van anclando a una sola forma de ver y entender las cosas.

Recuerdo que cuando era pequeño, me enseñaron que solo había una manera de atarme los zapatos. Y así lo hice siempre. Pero un día, un amigo me mostró otra forma, y aunque era más rápida, al principio no la aceptaba. Me parecía «incorrecta», solo porque era diferente a lo que siempre había conocido.

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