La carga del ancla

El ancla es un objeto pesado, diseñado para mantener a raya a los barcos en medio del viento y las olas. Sin embargo, en nuestra mente, el ancla tiene un propósito similar, pero con consecuencias potencialmente desastrosas.

Los psicólogos le llaman «sesgo de anclaje», un faro mental que nos mantiene encadenados a la primera pieza de información que recibimos, influenciando nuestras decisiones y juicios.

En el trabajo, este ancla puede influir en todo, desde la contratación hasta la gestión de proyectos. Imagina a un jefe contratando. El primer candidato tiene carisma, experiencia y una sonrisa agradable. Este candidato se convierte en el ancla. A partir de aquí, todos los demás candidatos son medidos contra esta primera impresión, no importa cuán cualificados puedan ser en realidad.

En otro contexto, imagina a un supervisor de producción en una fábrica de cecinas calculando el tiempo de producción de un nuevo producto. El primer producto de este tipo tardó 3 horas en producirse por completo. Este período se convierte en el punto de referencia. A partir de ahora, todas las futuras estimaciones para la producción de productos similares estarán influenciadas por este plazo, sin importar las variaciones en los recursos, maquinaria o incluso el tamaño del lote de producción.

El sesgo de anclaje también pesa en la relaciones con otras personas. Cuando conoces a alguien y la primera impresión es negativa, esa impresión actúa como un ancla. Incluso si esta persona demuestra ser amable y generosa en encuentros futuros, la ancla de la primera impresión puede teñir todas las interacciones futuras.

¿Que  hacemos entonces? Hay varias tácticas.

Primero, reconocer que este sesgo existe. Es el primer paso para todos los sesgos, su existencia. Saber que estás encadenado es el primer paso para liberarte de el.

Segundo, buscar más información. No te quedes con la primera impresión. Asegúrate de tener todos los datos antes de tomar una decisión.

Tercero, haz un esfuerzo por ser sistemático en tu toma de decisiones. No permitas que esta ancla dicte tu curso. En lugar de eso, considera todos los factores y mantén un enfoque equilibrado.

Por último, esfuérzate por ser lógico y reflexivo en tus decisiones.

21 Lecciones para el siglo 21 – Resumen y notas

Las 21 lecciones del siglo XXI (2018) de Yuval Noah Harari exploran los problemas sociales cruciales que probablemente acosarán a la humanidad en las próximas décadas. 

El texto es una reflexión prolongada sobre la globalización, la tecnología, el cambio climático y los conflictos culturales. 

Harari advierte sobre los peores escenarios que involucran crecientes desigualdades y el aumento de la inteligencia artificial (IA). Sus predicciones están destinadas a obligar a la humanidad a actuar en su propio interés tan pronto como sea posible. Leer más

Cómo evitar disputas innecesarias en el equipo de trabajo

Dependiendo de la forma en que se manejen, las disputas pueden ser una oportunidad para resolver problemas y mejorar las relaciones, siempre y cuando se aborden de manera saludable y constructiva. Pero si las disputas se manejan de manera destructiva, pueden dañar las relaciones y crear conflictos innecesarios.

Para abordar las disputas de manera saludable, sabemos que es importante tener una comunicación abierta y honesta, expresar nuestros sentimientos y necesidades de manera clara y respetuosa, y tratar de entender el punto de vista de la otra persona. También es útil tener en cuenta nuestros propios comportamientos y cómo pueden afectar a la situación, y tratar de resolver los conflictos de manera justa y equitativa.

Aunque es importante tratar de abordar las disputas de manera saludable y constructiva, a veces puede ser difícil poner esto en práctica debido a la diversidad de personalidades de los miembros del equipo. Es normal que haya diferencias en cómo las personas manejan el conflicto y esto puede afectar la forma en que se abordan y resuelven los problemas.

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Es posible que hayas experimentado situaciones de conflicto que parecen una amenaza inminente y que hayas cometido errores al intentar evitar o resolver ese conflicto. Estos errores incluyen no escuchar al otro, responder de manera agresiva a los puntos de vista diferentes y reaccionar sin pensar en consecuencias. ¿Te parece familiar?

Cuando esto sucede, creamos un círculo vicioso donde todos tienen razón pero nadie gana; lo único que se logra es un sentimiento generalizado de amargura. Por esta razón, es importante aprender a identificar las posibles disputas antes de que surjan, para prevenirlas sin llegar al punto extremo de ser inflexibles e intolerantes.

Si queremos evitar disputas innecesarias, es necesario mantener un diálogo constructivo centrado en soluciones y compromisos mutuamente satisfactorios.

Y aunque no existe una forma universal que dé garantías contra tales riesgos, hay errores universales que a menudo cometemos  y que con algunas simples reglas podemos evitarlos.

Evitando las generalizaciones

No digas «siempre» y «nunca» a menos que sea verdad.

Cuando se trata de las generalizaciones, hay que recordar que no siempre son ciertas. Debes ser consciente de tus palabras y evita decir frases como «siempre» o «nunca» a menos que sea cierto. Las generalizaciones también pueden ser la costumbre de sacar conclusiones infundadas, por ejemplo: “Dices esto porque no me respetas”.

O bien tomar acciones deliberadamente fuera de contexto, como cuando a una persona que reacciona emocionalmente ante una situación dolorosa se les califica con una palabra negativa. Estas frases provocan en la mayoría de los casos una reacción defensiva, detrás del cual suele esconderse el miedo y el resentimiento acumulado. Por ese motivo es importante intentar entender qué hay detrás antes de juzgar algo así sin pensarlo dos veces.

La generalización apresurada es una falacia que hay para evitar.

Generalizaciones clásicas:

  • «Los millennials son todos flojos y no saben trabajar duro.»
  • «Siempre llegas tarde a las reuniones»
  • «Nunca entregas tus proyectos a tiempo»

Estrategias y soluciones:

  • En lugar de hacer generalizaciones, enfoca tu atención en los comportamientos específicos de una persona.
  • Trata a cada persona como un individuo único y no como un miembro de un grupo estereotipado.
  • Recuerda que nadie es perfecto y todos cometemos errores. No se puede juzgar a una persona en su totalidad basándose en un solo comportamiento o acción.
  • Intenta ponerse en el lugar de la otra persona y tratar de entender por qué se comportan de cierta manera en lugar de simplemente etiquetarlos.
  • Utiliza la navaja de Hanlon y evita el error de atribución fundamental.

Generalizaciones en un equipo de trabajo:

  • «Nunca se nos notifica a tiempo de los cambios en el proyecto»
  • «Siempre hay conflictos entre los miembros del equipo»
  • «Los miembros del equipo son todos flojos»
  • «Los empleados de operaciones son más difíciles de trabajar que los de otras divisiones.»
  • «Los empleados que llevan más tiempo en la empresa son más competentes que los recién contratados.»
  • «Los empleados que trabajan en el turno dia son más productivos que los que trabajan en la tarde.»
  • «Los empleados que vienen de una determinada universidadson más calificados que los demás.»

Estas generalizaciones pueden ser falsas en un 99,9% falsas o incluso dañinas, ya que no tienen en cuenta la diversidad individual y pueden perpetuar estereotipos negativos en los equipos de trabajo.

Estrategias y soluciones

  • Fomenta la comunicación abierta y honesta entre los miembros del equipo. Esto puede ayudar a identificar y abordar problemas específicos de manera más efectiva en lugar de hacer generalizaciones apresuradas.
  • Establece canales de comunicación clara y ofrezca una retroalimentación regular para asegurarse de que todos estén al tanto de lo que está sucediendo en el proyecto y en el equipo.
  • Fomenta el respeto y la inclusión entre los miembros del equipo. Esto puede ayudar a reducir la tensión y el conflicto y promover un ambiente de trabajo más positivo.
  • Ofrece entrenamiento y apoyo a los miembros del equipo para ayudarles a mejorar sus habilidades y desempeño.
  • Alienta a los miembros del equipo a buscar soluciones en lugar de culpar a otros. Esto puede ayudar a evitar la creación de generalizaciones negativas y promover un ambiente de trabajo más colaborativo.}
  • Utiliza la navaja de Hanlon y evita el error de atribución fundamental.

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Acciones aditivas versus multiplicativas

A menudo damos por sentada nuestra inteligencia y pensamos que esto es suficiente para salir adelante. Total, si sacamos buenas notas en la escuela y la universidad, eso debería garantizar el éxito en la vida real, ¿no? Pero la verdad es que la vida nos demuestra una y otra vez que ser “inteligente” no siempre es garantía de éxito.

Podemos ser brillantes en muchas áreas, pero aun así fracasar estrepitosamente en nuestra vida personal y profesional.

Esto se debe a que hay otras habilidades igual o mas importante que el coeficiente intelectual. Me refiero a lo que se conoce como “habilidades blandas” o “emocionales”, tan cruciales para relacionarnos y alcanzar nuestras metas.

Un claro ejemplo es el de las relaciones interpersonales, sean en la pareja, la familia o el trabajo. Puedes ser un genio para los números, hablar full inglés o tener varios posgrados, pero si no sabes relacionarte adecuadamente con las personas, tanto tu vida personal como profesional se van a ver seriamente afectadas.

Veamos el caso de una persona muy inteligente pero con poca inteligencia emocional. En lo personal, es posible que no sepa mantener una relación de pareja estable y satisfactoria, que sea distante con sus padres y hermanos, que no tenga verdaderos amigos. En lo profesional, es probable que no pueda trabajar en equipo, que sea incapaz de expresar sus ideas con asertividad, que no sepa relacionarse con jefes y colegas. Por más brillante que sea esta persona, todas estas falencias le pasarán factura.

Y es que las relaciones interpersonales son un ámbito donde las cosas son claramente multiplicativas, no aditivas. Una falla en lo personal inevitablemente se desborda a lo profesional. Si tienes problemas con tu esposa, eso se reflejará en tu estado anímico en el trabajo y en tu productividad. O si no te llevas bien con tus compañeros, esto creará un ambiente laboral tóxico que permeará todas las áreas.

Las promociones y ascensos en una empresa dependen tanto de las habilidades técnicas como de la capacidad de llevarte bien y trabajar en equipo. Puedes ser un crack en tu área, pero si eres conflictivo y no sabes relacionarte, es improbable que los jefes te den un ascenso o más responsabilidades. Incluso si eres el mejor ingeniero, si no tienes tacto para expresar tus ideas y aceptar las de otros, terminarás estancado. Las habilidades blandas aquí son multiplicativas.

Otro caso es el del emprendimiento. Muchos eran brillantes en la universidad. Pero a la hora de iniciar sus negocios, fracasaron estrepitosamente por no saber administrar a su gente, entender las necesidades del mercado, motivar al equipo, etc. Vemos que la inteligencia por sí sola no basta, se requiere inteligencia emocional para complementarla. De nada sirve crear el mejor producto o servicio si luego no conectas con tus clientes y trabajadores.

Hasta en la política vemos que los líderes más exitosos no son necesariamente los que tienen un CI más alto, sino los que dominan las habilidades blandas: oratoria, empatía, carisma, visión. Un presidente puede rodearse de los mejores economistas y cientistas políticos, pero si no sabe comunicar una visión e inspirar al pueblo, no será un líder transformador. Su inteligencia debe ir de la mano del talento para conectar emocionalmente.

Imagina que olvidas el cumpleaños de un amigo. Ese olvido es un pequeño error, pero si lo repites año tras año, su efecto no es solo aditivo. No es simplemente que hayas olvidado su cumpleaños tres veces, es que has enviado un mensaje multiplicativo sobre cuánto valoras esa relación. Con el tiempo, ese olvido repetido puede tener un impacto mucho mayor, multiplicando la distancia entre tú y tu amigo, en lugar de simplemente sumarla.

En conclusión, todos debemos recordar que hay áreas de la vida donde nuestro intelecto debe complementarse con otras habilidades, tanto o más importantes.

No somos máquinas, somos seres humanos emocionales que vivimos en comunidad. Equilibrar nuestras fortalezas técnicas o analíticas con las interpersonales es clave para una vida plena, en lo personal y profesional.

La inteligencia por sí sola no lo es todo, es una parte del rompecabezas. 

Entender la diferencia entre lo aditivo y lo multiplicativo es vital en muchos aspectos de nuestra vida. Ya sea en nuestras finanzas, relaciones o cualquier otro ámbito, esta comprensión nos permite tomar decisiones más informadas y, en última instancia, llevar una vida más plena y satisfactoria.

Generales después de la batalla

El sesgo retrospectivo es una falla de nuestra mente. Todos victimas de el. Un engaño que nos hace creer que sabíamos lo que iba a pasar, pero solo después de que ya ha sucedido. Es un truco que se juega en la mente, una mentira que contamos para consolarnos.

Imagínate enfermo. Pasas meses sintiéndote mal, ignorando los signos. Un día, el médico dice que estás enfermo. Ahora piensas: «Lo sabía». Pero antes, cualquier cosa podría haber sido la causa de tu malestar. Es el sesgo retrospectivo. Te engañas a ti mismo creyendo que sabías lo que realmente no sabías.

El sesgo retrospectivo no se limita a la salud. Escucha lo que dicen los economistas y periodistas económicos cada vez que estalla una burbuja. «Sabiamos que esto iba a pasar». Pero antes, nunca dijeron nada. Ahora parecen expertos, pero antes eran tan ignorantes como todos los demás.

Considera una fábrica de alimentos. Ocurre un brote de salmonella en un lote de cecinas. Ahora se descubre que faltaban medidas de seguridad. Entonces todos dicen: «Lo sabíamos». Pero si eso fuera cierto, habrían hecho algo para evitarlo. De nuevo, el sesgo retrospectivo en acción. Nos engañamos a nosotros mismos creyendo que éramos más sabios de lo que realmente éramos.

El sesgo retrospectivo es real y debemos enfrentarlo. La forma de hacerlo es sencilla, pero requiere disciplina. Anota tus decisiones. Por qué las tomaste. Eso te ayudará a ver la verdad cuando mires atrás. No puedes preverlo todo. No puedes saber lo que no sabes. Cuando las cosas salgan mal, no te engañes. Aprende de ello. Reconocer el sesgo retrospectivo puede mejorar tu toma de decisiones.

No debes juzgar tus decisiones pasadas basándote solo en los resultados. Las decisiones deben basarse en hechos, no en interpretaciones sesgadas del pasado. Es fácil caer en la trampa del sesgo retrospectivo, pero si estás alerta, puedes evitarla. Si lo haces, tus decisiones serán más justas e informadas.

El sesgo retrospectivo es peligroso porque nos hace creer que somos mejores predictores de lo que realmente somos. Eso puede llevarnos a asumir riesgos innecesarios.

Para evitar este sesgo, lleva un diario. Escribe tus predicciones y, de vez en cuando, compáralas con lo que realmente sucedió. Te sorprenderás al ver lo inexactas que suelen ser nuestras predicciones.

Leer historias y documentos históricos también puede ayudarte. No leas solo los relatos retrospectivos condensados en los libros de texto. Lee las fuentes primarias. Te darán una mejor idea de lo impredecible que puede ser el mundo. Y te recordarán resistir la tentación de creer que los eventos del pasado eran inevitables. No lo eran. Reconocer eso es el primer paso para combatir este sesgo.

No hay almuerzo gratis

El principio de reciprocidad. Ese peso en el aire después de que alguien nos da algo. Un regalo. Un favor. Un gesto. La obligación invisible que nos insta a devolver lo recibido. Poderoso y universal. Carga las relaciones humanas, dirige las interacciones. Siempre presente, aunque a menudo oculto.

Pensemos en un amigo. Ofrece su tiempo, su esfuerzo, para ayudarnos a cambiarnos de casa. Te invita a un asado en su casa. Te presta un libro que te encanta y lo tienes. No pide nada a cambio. Sin embargo, sientes la necesidad de devolver el favor. Quizás no hoy, quizás no mañana, pero lo sientes. 

La reciprocidad se extiende más allá del individuo. Pervive en la sociedad, las empresas, el marketing. Un vendedor te regala una muestra. El cliente regresa, compra. Una mano invisible que genera lealtad, construye relaciones. Una estrategia poderosa, si se utiliza correctamente.

Podriamos decir que esto es un tipo de chantaje suave. También le podriamos llamar corrupción. Y es muy común en tácticas comerciales.

Un proveedor de maquinaria agrícola le envía entradas para un clásico entre Colo-Colo y Universidad de Chile a un agricultor. Tiempo después, es hora de comprar nueva maquinaria para la temporada que se avecina. El agricultor cede porque siente un deseo enorme de no estar en deuda.

Pero, ¿cómo enfrentarlo? ¿Cómo equilibrar la balanza sin sentirse obligado o manipulado? La clave está en la autenticidad. Si damos, debemos dar sin esperar nada a cambio. Si recibimos, debemos hacerlo con gratitud, pero no con la sensación de deuda.

La reciprocidad debe ser un camino de dos vías, no una carretera de un solo sentido. Encontrar un equilibrio puede ser un desafío, pero es esencial para mantener relaciones sanas y significativas.

Pero hay estrategias. Primero, da de manera auténtica. No uses el principio de reciprocidad para manipular. Si das, hazlo sin esperar nada a cambio. Segundo, si sientes que alguien está tratando de manipularte, reconócelo. Rompe el ciclo. No debes nada. Tercero, agradece los gestos y favores, pero no te sientas obligado a devolverlos inmediatamente. Tu tiempo vendrá.

La reciprocidad, una fuerza invisible pero poderosa. Esencial para nuestras relaciones, vital para nuestras sociedades. Vital para el comercio mundial. Manejada con cuidado, con autenticidad, puede construir puentes, fortalecer lazos. Pero hay que recordar, siempre, que la verdadera generosidad no espera nada a cambio.

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