El reto de impulsar un cambio

Todos tenemos algo que queremos cambiar. Ya sea la opinión de una persona, el comportamiento de un hijo o transformar por completo una organización. El deseo de cambio es inherente al ser humano.

Sin embargo, provocar ese cambio suele ser extraordinariamente difícil. Por mucho que presionemos o intentemos persuadir, a menudo parece que no logramos nada.

Una de las razones por las que el cambio es tan complicado es lo que los psicólogos denominan «sesgo del status quo». Tendemos a aferrarnos a lo conocido y familiar, incluso cuando hay mejores alternativas disponibles. Preferimos lo viejo y defectuoso antes que adoptar algo nuevo y mejorado.

Esto se debe en parte a que sobrevaloramos las desventajas potenciales de un cambio, mientras ignoramos sus ventajas. Perder algo que apreciamos pesa más que la expectativa de ganar algo nuevo. Por ello, para vencer la inercia se necesita que el beneficio potencial de la novedad sea al menos el doble de la posible pérdida.

Otra razón es que no tenemos en cuenta los costos ocultos de cambiar: el esfuerzo de aprender algo nuevo, la incertidumbre, el temor a equivocarse. Estos costos emocionales refuerzan nuestra tendencia a evitar lo desconocido.

Superar esta aversión natural al cambio requiere estrategias creativas. Hay que minimizar lo que se pierde, maximizar las ventajas de la novedad y apoyar el proceso de adaptación. Sólo así se podrán vencer las barreras psicológicas y hacer que el cambio sea atractivo y duradero.

Prosperar económicamente no asegura una vida llena de sentido

Viktor Frankl, un conocido psiquiatra austriaco y superviviente del Holocausto, creía que la verdadera riqueza no está en cuánto dinero o posesiones tengamos, sino en el significado que damos a nuestras vidas.

Imagina que tienes todo lo material que podrías desear: una casa grande, un auto de lujo, vacaciones exóticas. Sin embargo, si te preguntaras por qué haces lo que haces o qué te motiva a levantarte cada mañana, y no tuvieras una respuesta clara, te sentirías vacío por dentro.

Frankl experimentó esto en circunstancias extremas. A pesar de estar en un campo de concentración, donde las condiciones eran inhumanas, encontró un propósito. A veces, ese propósito era simplemente sobrevivir un día más, otras veces era ayudar a alguien en una situación peor que la suya.

Él decía que podemos encontrar significado en tres áreas principales de nuestras vidas:
1. **Trabajo con propósito**: Como cuando un maestro siente que está marcando la diferencia en la vida de sus estudiantes.
2. **Amor**: En la manera en que cuidamos y valoramos a nuestra familia y amigos.
3. **Coraje ante las adversidades**: Al enfrentar enfermedades o desafíos con valentía, como cuando alguien decide comenzar de nuevo después de una pérdida devastadora.

Aunque vivimos en una sociedad donde muchas de nuestras necesidades básicas están cubiertas, no siempre nos sentimos satisfechos o completos. Puede que no enfrentemos adversidades como las que vivió Frankl, pero todos enfrentamos desafíos en nuestra vida diaria. Puede ser el estrés del trabajo, problemas familiares, un hijo enfermo o simplemente sentirnos perdidos en el rumbo de nuestras vidas.

La solución de Frankl es mirar más allá de nosotros mismos. No se trata solo de buscar qué podemos obtener, sino también de qué manera podemos aportar al mundo. Quizás sea ofreciendo una mano amiga, trabajando en algo que realmente amamos o simplemente siendo amables con los demás.

La tecnología avanza, nuestras vidas se vuelven más cómodas, pero el deseo de encontrar un propósito sigue siendo el mismo. La próxima vez que nos sintamos perdidos o vacíos, recordemos las palabras de Frankl: no se trata de lo que tienes, sino de lo que haces con lo que tienes y el significado que le das a eso.

Principales conclusiones:

  • La verdadera riqueza no radica en las posesiones materiales, sino en el significado y propósito que damos a nuestras vidas.
  • Aunque tengamos todo lo material, si no encontramos una razón para levantarnos cada día nos sentiremos vacíos.
  • Frankl experimentó esto en situaciones extremas como el Holocausto, pero encontró propósitos que le dieron significado, como ayudar a otros.
  • Podemos encontrar significado a través del trabajo con propósito, el amor hacia los demás y enfrentar las adversidades con valentía.
  • Aunque vivamos cómodamente, todos enfrentamos desafíos y a veces nos sentimos perdidos.
  • La solución es mirar más allá de nosotros mismos y buscar la forma de aportar algo al mundo a través de la bondad y el servicio a los demás.
  • Independientemente de los avances, el deseo de encontrar un propósito en la vida persiste. Recordemos las enseñanzas de Frankl de enfocarnos en el significado, no solo en lo material.

10 cosas que aprendí de «pensamiento sistémico» de Jamshid Gharajedaghi

Jamshid Gharajedaghi es un capo del pensamiento sistémico. Este teórico organizacional irano-estadounidense también trabaja como consultor y es profesor en la Universidad de Villanova. Gharajedaghi es reconocido por su innovadora perspectiva para entender sistemas, lidiar con la complejidad y diseñar la estructura de las empresas.

«Pensamiento sistémico: gestión del caos y la complejidad» ya tiene un par de decadas desde su primera edición. Personalmente, este libro transformó mi forma de ver la industria y es uno de los que más me ha impactado en gestión.

Este texto es fundamental en varios programas de posgrado y MBAs, es esencial para cualquiera que busque comprender cómo funcionan los sistemas en los negocios y más. Cubre temas clave como la naturaleza de los sistemas, el caos, la complejidad, y entrega herramientas prácticas para gestionar sistemas complejos.

A continuación comparto 10 ideas esenciales que todo interesado en pensamiento sistémico debería conocer. Cada idea va acompañada de mi interpretación personal:

1.»Cualquier sistema social se basa en el equilibrio de cinco esferas: poder, riqueza, conocimiento, valores, normas y reglas. No mantener el equilibrio = crisis del sistema: para la empresa, colapso; para el país, guerra civil.»

Reflexionemos sobre una planta de producción de alimentos. Los líderes dirigen y toman determinaciones; eso representa el poder. La planta genera ingresos y remunera a sus empleados; eso simboliza la riqueza. Quienes manejan la maquinaria tienen claro su funcionamiento; eso es el conocimiento. Todos comprenden que introducir la mano en la máquina es peligroso; esos son los valores. Y existen normas, como los horarios de ingreso y egreso.

Ahora, imaginemos un giro en la situación. Un líder nuevo asume, con la intención de innovar. Desplaza a los operadores veteranos y introduce a su propio equipo, personas ajenas al funcionamiento de la planta.

Los operadores con experiencia quedan desempleados, sin medios para subsistir. Los recién llegados, desconociendo los riesgos, ponen sus manos en la máquina. La eficiencia de producción disminuye. Las entregas se retrasan. La liquidez empieza a mermar. Las normas se vuelven cambiantes.

En poco tiempo, la planta enfrenta turbulencias. Los trabajadores consideran huelgas. Los clientes piensan en buscar otros proveedores. Si esta dinámica persiste, la planta podría llegar al borde del colapso.

Así es cómo una organización, ya sea una empresa o un país, puede venirse abajo si no preserva el equilibrio entre poder, riqueza, conocimiento, valores y normas. Leer más

Mejora tu juego de Alan Stein Jr. | Resumen y notas

Aunque suelo evitar libros sobre liderazgo (a menos que sean clásicos antiguos sobre personajes históricos o héroes de guerra), decidí darle una oportunidad a «Raise Your Game», principalmente a las buenas críticas que había leído en goodreads.

Me interesó especialmente el hecho de que el autor no es un «académico-ratón-de-biblioteca-universitario», sino un entrenador exitoso de la NBA, un hombre con la piel en el juego.

Raise Your Game trata sobre ¿cómo ganar?. Alan Stein ha entrenado durante al menos 15 años en la NBA. Toda esta experiencia le ayudó a formar la base de un sistema que consta de 15 cualidades necesarias para ganar en los deportes y según el autor, también en los negocios y la vida misma.

El libro aborda los 3 clásicos problemas que enfrentan quienes toman decisiones: liderazgo ineficaz, disfunción del equipo y bajo rendimiento.

Sobre el Autor

Alan Stein, Jr. es un entrenador de la NBA y mentor. Sus métodos se utilizan para entrenar equipos de negocios.

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Cómo la adaptabilidad nos define en el juego de la vida

Desde que Darwin presentó la idea de la selección natural, hemos tratado de entender por qué actuamos de cierta manera. En pocas palabras, la selección natural favorece los comportamientos que nos ayudan a sobrevivir y a tener más hijos.

Pensemos en la vida como si fuera un juego. En este juego, la naturaleza actúa como el entrenador que recompensa a los jugadores que utilizan las mejores estrategias para mantenerse en el juego. Si te comportas de forma que te mantienes seguro y puedes formar una familia grande, entonces has «ganado» según las reglas de la selección natural.

Lo que Darwin hizo fue ayudarnos a entender esas reglas del juego y por qué a veces actuamos de cierta manera. Es como si todos estuviéramos programados para intentar ser los mejores jugadores en este juego de la supervivencia. Queremos utilizar las estrategias correctas para mantenernos con vida, conseguir recursos y formar familias.

Al comprender las «reglas del juego», podemos explicar comportamientos que de otra forma parecerían extraños o contraproducentes. En el fondo, gran parte de lo que hacemos es para volvernos los «jugadores ganadores» en este gran juego de la evolución. Nuestros instintos están diseñados por la selección natural para darnos ventajas y ayudarnos a sobrevivir.

Sobre ser egoístas y ayudar a los demás

Piensa en dos niños en un parque. Uno no comparte sus juguetes y el otro sí. El niño que no comparte podría tener más juguetes para sí mismo. Pero, el niño que comparte tiene más amigos y recibe ayuda cuando la necesita. Así, Darwin decía que, a veces, ser generoso ayuda a sobrevivir, especialmente cuando vivimos en grupos donde todos se conocen y ayudan entre sí.

Esto es como cuando tienes dos estrategias en un juego. El niño que no comparte juega a corto plazo: protege lo que tiene ahora. Pero el niño que comparte está pensando a largo plazo: aunque pueda tener menos juguetes por un momento, gana amigos, y eso puede ser más útil a futuro. Si un día olvida su colación del colegio o necesita ayuda, esos amigos estarán allí para él. Darwin nos mostró que en la vida, a veces, lo que parece una pérdida a corto plazo puede ser una gran ganancia a largo plazo, especialmente cuando vivimos y trabajamos juntos en comunidad.

Darwin señaló que el comportamiento egoísta era favorecido en términos de supervivencia y reproducción. Los individuos que se protegían a sí mismos y a sus familias cercanas tenían una mayor probabilidad de transmitir sus genes a las siguientes generaciones. Sin embargo, el altruismo, aunque puede parecer un inconveniente en una lucha directa por la supervivencia, tenía un valor en sociedades pequeñas donde la confianza y la reciprocidad eran claves.

Aquí, la reputación se convertía en un pilar de la cooperación, y como afirmó Darwin, el apareamiento y la supervivencia. Las diferencias en las prioridades reproductivas de hombres y mujeres llevan a dinámicas de apareamiento distintas, donde, en términos generales, los hombres compiten por las mujeres, mientras que las mujeres buscan recursos y protección.

Cultura versus instintos

Imagina que naciste amando los chocolates trencito pero creciste en una cultura que no los consume. Tu biología te dice que los ames, pero la cultura te enseña a evitarlos. Así, nuestros instintos y la cultura a veces chocan, pero otras veces se ayudan mutuamente.

Es como tener dos voces en tu cabeza. Una te dice: ¡Come ese chocolate, es demasio rico! y la otra voz dice: «Mejor no, aquí no se acostumbra y podrían verte mal». En algunos casos, lo que sentimos naturalmente y lo que nuestra cultura nos dice puede entrar en conflicto. Pero en otros momentos, esas dos voces pueden trabajar juntas. Por ejemplo, si en tu cultura se valora el compartir, ese mismo amor por el chocolate podría llevarte a compartirlo con alguien más, creando lazos y amistades. Entonces, aunque a veces puedan chocar, nuestra biología y cultura también tienen el potencial de hacer un gran equipo.

No podemos olvidar la profunda interacción entre biología y cultura. Si bien la selección natural da forma a nuestros instintos básicos, la evolución cultural ha influido en la creación de normas y valores. Esta interacción es bidireccional, la biología puede influir en la cultura, pero a su vez, la cultura puede ejercer presión sobre qué características son favorecidas por la selección natural.

Cómo nuestro pasado afecta nuestras decisiones

Warren Buffett, decía que a veces tomamos decisiones rápidas por miedo, porque así sobrevivieron nuestros antepasados. Por ejemplo, en la antigüedad, si oíamos un ruido en el bosque, era mejor correr por si acaso era un depredador. Pero en el mundo moderno, ese mismo miedo nos puede hacer tomar decisiones apresuradas, como vender acciones cuando el mercado cae. No puedo olvidar la anecdota de mi abuela. Cuando era pequeña y vio un auto por primera vez, el ruido y la velocidad la asustaron tanto que se metió rápidamente detrás de un cerco de moras. Imagínate el susto que sintió al ver algo tan diferente a lo que estaba acostumbrada.

El miedo, evolucionó para ayudarnos a anticipar el peligro y el dolor.

Piénsalo como si tu mente fuera un antiguo software de computadora programado para un mundo muy diferente. En tiempos antiguos, necesitábamos reacciones rápidas y estar siempre alerta para no ser devorados por un depredador. Era como estar en un videojuego donde cada decisión podía ser cuestión de vida o muerte.

Hoy, esos viejos programas aún funcionan en nuestra mente. Por eso, a veces sentimos ansiedad y estrés aún cuando no hay un peligro real, como hablar en público o cambiar de trabajo. Es como si ese oftware interno que llevamos dentro no alertara de un «peligro» basado en reglas antiguas.

Sin embargo, a pesar de estas limitaciones, hemos aprendido el valor de trabajar juntos, compartir y explorar. Aunque en el pasado el miedo nos protegía, en el mundo actual, ser amable, hacer amigos y trabajar en equipo son las habilidades que realmente nos ayudan a sobrevivir y prosperar. Es una actualización del software, adaptándonos al juego de la vida moderna.

¿Qué aprendemos de todo esto?

Aunque somos producto de la evolución, también tenemos la capacidad de aprender y adaptarnos. Es importante entender nuestras raíces para tomar mejores decisiones en el presente.

Siglo XXI, más allá de Darwin

Ya sabemos que la adaptabilidad es clave para la supervivencia. Pero hoy, esto va más allá de evitar ser devorados por un dientes de sable en la sabana africana. Adaptarse en el siglo XXI significa manejar el exceso de información, prepararnos para trabajos inexistentes y cuidar nuestra salud mental.

El mundo cambia a un ritmo vertiginoso. Antes, una carrera duraba toda la vida; ahora, lo que hemos aprendido hace unos años quizás ya no sirva. Las apps de moda, rápidamente son reemplazadas. Quienes se aferran al pasado se quedan rezagados.

Pero no se trata solo de tecnología. Con tanta información circulando, la salud mental cobra más importancia que nunca. Saber desconectar, decir “no” y encontrar calma es fundamental para adaptarse.

Y no hablamos sólo del individuo. Como sociedad, enfrentamos enormes retos, como el cambio climático. Si no nos adaptamos y cambiamos hábitos, el planeta sufrirá las consecuencias.

Afortunadamente, los humanos hemos demostrado que somos increíblemente resilientes. Hemos encontrado formas de trabajar desde casa, conectar con lejanos y apoyarnos en tiempos difíciles. Las comunidades se fortalecen al recordar el valor de la unión.

Adaptarse y destacar

¿Sientes que te quedas atras de los cambios?

  • Saber que el miedo es natural te ayudará a enfrentarlo.
  • Has aprendido mucho a lo largo de los años. ¡Aprovécha es conocimiento en favor tuyo!
  • Al igual que nuestros antepasados se adaptaron a nuevos ambientes, tú puedes adaptarte a los cambios laborales aprendiendo nuevas habilidades.
  • Al igual que en pequeñas comunidades, tu reputación en el trabajo es vital.
  •  Ayudar y colaborar con otros puede ser tu mejor carta de presentación.
  • Pide opiniones y usa ese feedback para mejorar.
  • Al igual que debes entender tus instintos, entiende también la cultura actual del trabajo.
  • Cada cambio es una oportunidad para aprender algo nuevo.

Conclusiones

A pesar de que hemos crecido con ciertas maneras de actuar, lo bueno es que podemos aprender y adaptarnos a los cambios.

Esto nos ayuda a enfrentar nuevos retos y seguir adelante.

Pero también es importante entender de dónde venimos y cómo eso influye en lo que hacemos, especialmente porque el mundo de hoy es muy distinto al de nuestros antepasados.

Futureproof. 9 Reglas para los humanos en la era de la automatización | Resumen y notas

En un futuro cercano, las máquinas y los robots tendrán un impacto significativo en la vida diaria y el trabajo.

Algunos temen que las máquinas reemplazarán a las personas en sus trabajos, mientras que otros argumentan que los robots solo realizarán tareas rutinarias y harán que la vida sea más cómoda.

Según Kevin Roose, el verdadero problema no son los robots, sino nosotros mismos. Por eso, en Futureproof nos ofrece algunas reglas simples que nos ayudarán a no solo sobrevivir, sino también a prosperar en un futuro incierto.

Sobre el Autor

Kevin Roose es un periodista de tecnología que escribe para The New York Times. Presenta el popular podcast Rabbit Hole sobre cómo Internet está cambiando a la humanidad.

Robots en el mundo humano: a qué temer realmente

Los tecnooptimistas no tienen tanta razón

Según Roose, los argumentos principales de los tecnooptimistas son controvertidos y no tienen tanto asidero. El autor presenta varios contraargumentos que refutan la postura de los optimistas.

Primero, argumenta que la automatización está destruyendo trabajos mucho más rápido de lo que está creando. Menciona que los economistas saben que el crecimiento impulsado por la automatización en el producto interno bruto y las ganancias corporativas supera por décadas los aumentos de los salarios reales de los trabajadores.

En segundo lugar, argumenta que, a pesar de la promesa de quitarle a las personas los trabajos más aburridos, la inteligencia artificial (IA) está tomando cada vez más tareas de oficina y esto no está haciendo a los trabajadores más felices, ya que las tasas de ansiedad son mucho más altas que hace 30 años. Además, la tecnología requiere un nuevo ejército de freelancers mal pagados.

En tercer lugar, el autor menciona que los estudios muestran que cuando la inteligencia artificial alcanza un cierto umbral de efectividad, actúa de manera mucho más eficiente por sí sola que trabajando en conjunto con las personas, y en este punto, los empleadores no requieren trabajadores adicionales.

Por último, el autor refuta el argumento de que el futuro nos promete muchas profesiones nuevas, y plantea la pregunta si estos trabajos serán suficientes para reemplazar los perdidos como resultado de la automatización y si serán tan bien pagados y estables como antes.

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