¿Ignoramos las lecciones que la humanidad ya aprendió a través de los siglos?

Creo que si, bien seguido y lo seguiremos haciendo.

«Los muertos superan a los vivos 14 a 1 dijo Niall Ferguson». Es decir, contamos con vasta experiencia acumulada de todas las generaciones pasadas, pero le damos la espalda una y otra vez a ese valioso conocimiento que vamos heredando.

Generalmente, vamos actuando con un poquito de arrogancia, como si las enseñanzas de la historia no fueran relevantes en nuestra era moderna. Pero al hacerlo, asumimos grandes riesgos. Estamos condenados a repetir errores que podemos evitar y tropezar una y otra vez con las mismas piedras de siempre.

Deberíamos tener un poco de más humildad y estudiar con detenimiento el pasado. Incorporando sus lecciones a nuestras vidas, desde la política hasta la crianza de nuestros hijos.

Necesitamos aprovechar la sabiduría de épocas remotas sobre temas universales: la amistad, las crisis económicas, los métodos de liderazgo. Hay un mundo de experiencias acumuladas esperándonos.

¿Cómo?

Aquí algunas ideas:

En política, estudiar cómo otras sociedades lidiaron con desafíos como la desigualdad, la polarización, la corrupción. Poniendo ojo en evitar sobre las soluciones simplistas que ya fracasaron antes. Por ejemplo, Nelson Mandela, cuya paciencia y habilidad para entender y perdonar a sus opositores fueron cruciales para superar el apartheid en Sudáfrica.

En economía, revisar causas de burbujas especulativas y crisis financieras del pasado. Entender los ciclos y prevenir la repetición de errores.

En salud, investigar estrategias de sociedades previas durante pandemias. Sus aciertos y desaciertos frente a la peste negra o la gripe española en chile, por ejemplo. (spoiler: en Chile no aprendimos nada)

En la crianza de los hijos, leer sobre métodos utilizados en otras épocas y culturas. Tomar lo positivo.

En las relaciones personales, reflexionar sobre lecciones de filósofos antiguos como Séneca o Marco Aurelio acerca de la amistad, la empatía, el autodominio.

En el trabajo, estudiar a grandes líderes del pasado y cómo enfrentaron crisis que amenazaron sus organizaciones.

En la vida espiritual, meditar sobre las enseñanzas universales que persisten en tradiciones milenarias como el budismo, el taoísmo o la misma biblia.

En fin, la clave es mantener una mente abierta para identificar la relevancia de las experiencias históricas para nuestro presente.

Hay un gran riqueza de sabiduría ahí afuera esperando ser descubierta y aplicada.